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Mara Estefania Muñoz Melano

Para quien nada quiere aprender, ni la vida más larga le enseña nada. Para quien quiera aprender, por muy grande que sea, la corta vida de Mara le enseña algo.

Para quien nada quiere aprender, ni la vida más larga le enseña
nada. Para quien quiera aprender, por muy grande que sea, la
corta vida de Mara le enseña algo.

Mara es una chica con ideas y conceptos nuevos en el mundo
del restaurante que hará de ella sin duda una gran empresaria.
Apenas tiene 26 años pero el optimismo y la alegría que transmite
son impresionantes. Quienes la conocen saben que ella es
una mujer fuera de serie. Actualmente lidera un servicio de
repostería para banquetes, talleres de introducción y educación
de enología así como un restaurante muy exitoso llamado Estefana,
a un costado del Hospital de Los Altos en Tepatitlán.

 

Háblanos de ti, Mara.

Nací un tres de diciembre de mil novecientos noventa y tres.
Tengo actualmente veintiséis años. Mi padre es doctor originario
de Colotlán, Jalisco. Mi madre es de aquí, de Tepatitlán, es
ama de casa. Ambos son mis mejores aliados en mi vida. Mi
padre ha sido quien me ha apoyado con el local para abrir el
restaurante. Ella ha sido quien me ha ayudado desde el inicio
prestándome su cocina y asistiéndome en la elaboración de los
postres que realizo.

 

¿Entonces empezaste con los postres en tu casa?
Así es. Empecé en el servicio a los banquetes desde mi casa.
Tuve que demostrar que se podía hacer carrera de chef y lo hice
ahí, con el refrigerador, horno y todos, una pastelería principalmente.
Hice el proyecto de la pastelería, pero al comenzar a
trabajar, visualicé mucho más potencial. No solo quedarse en el
ámbito de la cocina, también explorar la cultura del vino.

¿De dónde sale la idea del restaurante?
Por mi propia experiencia en otros restaurantes es la de encontrar
mesas muy juntas o amontonadas, los meseros te carrerean
porque necesitan darle servicio a más gente. No te dan ni
tu tiempo ni tu espacio.
Yo quería algo donde la gente venga, llegue, se relaje, socialice,
se siente, eche platiquita y donde la comida sea sólo un pretexto.
Mi equipo de trabajo captó mi idea y comenzamos a trabajar.
Elaboramos un menú de postres y bebidas, de entradas. Y por si
alguien quiere venir a comer, entonces preparamos platillos,
que no era nuestra principal oferta. Sin embargo la gente lo
captó al revés… vengo, como y luego pido una bebida o un postre
y me relajo.

 

¿Has estudiado algo sobre cocina?
Sí, claro. Estudié gastronomía en la Escuela Culinaria Internacional
(ECI) en Guadalajara con una especialidad en repostería.
Originalmente mi proyecto era hacer repostería para
eventos y catering… tapas, brochetas para eventos sociales o
empresariales.
Además de comida, eres una buena conocedora del vino. ¿Qué
nos puedes contar de ello?
Me encanta el vino y por experiencia personal me doy cuenta
de que en muchos restaurantes no saben servir el vino ni
saben de él. O viene muy frío, o viene muy caliente. Si yo
quería degustar un buen vino tenía que hacerlo en casa con
una buena tabla de carnes frías. Al regresar Tepa quería traer

un concepto de restaurante de vinos y quesos, un concepto de más
relax, de socializar que de restauración como tal. Pero me di cuenta
de que aquí casi la totalidad de las personas ignoran la cultura del
vino. Ese fue mi reto, la iniciación a la cultura del vino.
Me interesa que la gente se introduzca en el vino, se instruya comenzando
por la boca, evolucione con el paladar. Para ello realizamos
catas una vez cada dos meses en domingo. Traigo un sommelier. Nos
ha ido muy bien. Cada sesión está limitada a 25 personas y bajo
reservación. Quiero que la atención sea personalizada por parte del
sommelier y el asistente esté enfocado.
La experiencia ha sido increíble. Tenemos que dejar fuera a personas
porque la demanda supera el cupo.

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¿Cómo te visualizas dentro de un mediano a plazo?
Primero, ampliar el restaurante. La gente lo pide a gritos. Segundo,
replicar el concepto en más restaurantes pero debo pensarlo bien
pues implica muchas cosas. No es fácil. Es complejo pero igualmente
satisfactorio.
Mucha gente disfruta mi restaurante. Cuando entra me dice que ni se
siente en Tepa. Tenemos calidad, el lugar está bien empezando.

¿Cómo te sientes como empresaria?
Contenta porque hago lo que me gusta, disfruto lo que hago. El
miedo también viene porque me rozo con grandes tiburones. De
todos modos aprendo mucho de ellos. Con ellos he tenido la oportunidad
de convivir en el Gremio Restaurantero de Tepatitlán.
Me veo con también con un servicio integral de banquetes, completar
lo que ya hago.

 

En algún evento siendo tú conferencista hablaste ante el público
de un capítulo muy personal de tu vida. ¿Nos podrías hablar del
tema nuevamente? Es un tema muy interesante.
Pues es un tema que me ha ayudado a madurar y a crecer como
mujer. Yo me embaracé a los veintiún años. Ya estaba en los banquetes.
Yo enfrenté la situación prácticamente sola con el único apoyo de
mi familia. Al inicio duré meses con el shock. Te soy franco, el aborto
pasó por mi cabeza como una tentación, pero jamás lo consentiría.
La tentación no duró nada. Sería tan fácil… nada más que me sacaran
lo que me “estorba” y seguir la vida. Nadie se daría cuenta y
seguiría siendo la hija perfecta. Pero decidí continuar con mi embarazo.
Tenía muchos planes, ir a Toronto, ir a las Vegas a trabajar y de
repente todo se cae. Pero al poco tiempo reacciono y me dije a mí
misma: ¡basta! Comencé a vivir mi vida, a amar mi embarazo, a mi
hijo y a mí misma.

¿Pensaste en casarte con el padre de tu hijo por la situación en la
que vivías?
Por supuesto que no. Sí se me propuso y también me vino por la
cabeza. Pero no iba a cometer un error nada más para darle una
salida a la situación, para darle gusto a la sociedad.
¿Y qué hiciste luego de tu embarazo?
Pues me tomé un receso para dedicarle el tiempo a él pero igualmente
no tardé mucho en activarme, retomé mis proyectos y me
ha ido muy bien, afortunadamente. Los proyectos de Toronto y de
Estados Unidos se quedaron atrás. Mi realidad ha superado esos
proyectos.

         

¿Qué lección te deja este embarazo no planeado?
A veces tú te crees chiquita. Pero nunca eres demasiado chiquita
para los retos que se te enfrentan. Pero ante el reto nada más
tienes dos opciones: o ponerte a llorar o enfrentar el momento,
asumir los actos y no mirar hacia atrás. Por otro lado, me dio
mucha seguridad para valerme a mí misma. No dependo de la
sociedad y no me da de comer.
Los miedos igualmente se presentan y son grandes, pero una vez
que los vences, estás preparada para vencer otros aún más grandes.
No es fácil. Muchos suben de escalón en escalón, pero la vida
a mí me exigió subir ocho escalones de golpe.

¿Cuál ha sido tu mayor reto empresarial?
Quizá haya sido mi capacidad de producción. En un inicio elaboraba
todo en mi casa y de repente me llegaban solicitudes para
cubrir un evento que me rebasaban como cuando me pidieron
postres para un evento de 900 personas. Estaba apenas aliviada de
mi hijo. Cuando me dijeron, acepté y el reto salió perfecto.
Otro reto fue la credibilidad. Inicié mi actividad empresarial a los
veintiún años y mi juventud y falta de currículum no estaban a mi
favor. En una ocasión llegué a hacer una degustación de postres y
la persona comentó: “¿Esta niña va a hacer los postres de mi
boda? De ninguna manera”. A pesar de la resistencia inicial, al
término de la degustación la convencí. Y no sólo eso, en alguna
ocasión ha venido a mi restaurante y me ha presumido ante sus
amigas como la chef que le elaboró sus postres de su boda.

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¿Algún fracaso en tu vida?
Pues fracaso no, pero dificultad sí, mi epilepsia. Bajo situaciones
de estrés caigo bajo un episodio de estrés. En una ocasión tenía
que entregar unos postres y le pedí a un externo que me ayudara
con las bases. Me llegaron mal hechas esas bases e iba contra
reloj. La situación me hizo desvanecerme. A pesar del evento pude
salvar la situación.
De igual manera, el mismo día de la apertura de mi restaurante
tuve otro evento. Era la mañana y caí nuevamente.
Debo trabajar conmigo misma.
Laboralmente no he tenido ningún evento particular a excepción
de la responsabilidad y compromiso de la gente que contratas.

¿Cómo eres con tu equipo de trabajo?
Trato de ser humana. Si te pedí una hora extra, te la voy a pagar
porque al fin de cuentas es tu tiempo que pones a mi disposición.
O quizá cuando mi personal necesita un tiempo o un permiso, por
supuesto que los apoyo y vemos la manera de acomodarnos. Si los
pongo a trabajar en una situación de mucho trabajo, les comparto
de mis ingresos pues al fin y al cabo gracias a ellos se logran los
eventos. La relación laboral trata de motivación, no de explotación.

 

¿A quién agradeces el éxito de tu corta vida?
A mis papás y en particular a mi papá. Él es quien me ha ayudado
económicamente. Ambos han confiado en mí y ella como que
siempre ha empujado, vamos, no te rindes, vamos para adelante.
Ella se ha puesto a hacer cosas de cocina que nunca ha hecho, ha
tenido la paciencia también de cuidar a mi hijo. Agradezco sin
duda a la gente que aquí trabaja todos los días conmigo. Yo sola no
puedo con el trabajo. Esa gente hace que esto funcione.